Los trucos contra el frío

mata de junipero
Junípero

Tu jardín, a prueba de inviernos duros…

1. Compra segura con el asesoramiento de tu viverista

Haz que tu jardín resista los fríos que llegan cada invierno, pero también los calores del siguiente verano (cuántos abetos Noruegos se han secado al nivel del mar “acalorados y resecos”, y cuántas buganvillas en nuestro interior continental, muertas de frío invernal o “primaveral tardío”).  Al comprar tus plantas, mira en las tablillas identificadoras no sólo las mínimas que soportan, sino las máximas, insolación, humedad, etc. Sobre todo en el interior, con clima mediterráneo continentalizado, son duros tanto los fríos de invierno como los calores de verano. En la imagen, el rústico, y bellísimo en gris Juniperus sinensis “Glauca hetzii”.

2. Para inviernos más cálidos, planta especies caducifolias

Consigue que tu jardín sea habitable en invierno no abusando de las especies perennifolias, que lo hacen sombrío y frío, y plantando caducifolias que se desnudan permitiendo la entrada del sol, a la vez que ofrecen poca resistencia al peso de la siempre esperada nieve. Huye, evita, elimina o ten muy controladas las zonas de hielos perpetuos. Coinciden con los lados norte de edificaciones y setos. No hagas senderos y pasos obligados ahí y ten a mano la salvadora sal para esparcirla a voleo si se vaticinan fríos serios: evitarás peligrosos resbalones. En la imagen, especies caducifolias (piruétano y membrillero) que permiten el paso de luz y sol en invierno, mientras refrescan con su sombra el verano.

 

3) Protégete de los vientos dominantes

Instala setos vegetales, muros decorativos o pantallas cortavientos (siempre decorativas, tipo celosías, mamparas de madera, etc.), en los linderos por donde entran los vientos dominantes, sobre todo, el norte (glacial) y el este (siberiano).El invierno también ofrece diferentes tonalidades debajo, quizás, del manto de nieve: el verde oscuro de los rododendros (Rhododendron) bajo una pálida luz hace el efecto de violeta azulado; las ramas rojizas de los cornejos (Cornus alba) brillan con fuerza; y los tallos dorados del Calamagrostis iluminan los rincones oscuros. En la imagen, cortina de hiedra sobre alambrada.

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